Radio Libertad Constituyente

15/11/14

PODEMOS, La Nueva Casta

Rubalcaba dimite, parece que el consenso se tambalea, Juan Carlos abdica. Irrumpe PODEMOS en el panorama electoral español. PODEMOS, Pablo Iglesias, un partido vestido con las ideas de una izquierda que no existe en la política española, porque todos los partidos, incluido PODEMOS, son políticamente de derechas. Presume Pablo Iglesias de ser la alternativa a la casta. Sin embargo, el propio Pablo Iglesias es casta desde el momento en que ha aceptado “acatar la constitución hasta que los ciudadanos decidan cambiarla”. ¿Ciudadanos en España? ¿Dónde? En España no hay ni un sólo ciudadano, porque no somos iguales ante la ley, porque nuestros derechos no están garantizados, ni nuestra libertad tampoco.
Pablo Iglesias ya ha anunciado su centrismo. Las encuestas le dan mayoría en unas urnas de por sí fraudulentas. Porque en España no hay representación ciudadana, sino listas de partidos, y de esto tampoco escapa el partido del 15M. No señores, no cabe cambio con quien ya ha renunciado a su ideología para sumarse a la socialdemocracia, a la demagogia por sistema, a la corrupción. ¿Corrupción? Así es. Ya lo anunció Don Antonio García-Trevijano cuando publicó “La Alternativa democrática” en 1977: “la corrupción será el factor de gobierno del régimen de partidos estatales”. ¿Cómo sino se puede gobernar una oligarquía de partidos? En los despachos.
1978, año en el que se fragua la gran mentira. España pasa de una dictadura autoritaria a una oligarquía de partidos. La dictadura franquista se reforma en la trastienda, donde se redacta también una constitución en secreto, a espaldas de todos los españoles. No hay ruptura democrática, no hay elecciones constituyentes; los franquistas junto con los oportunistas opositores pactan el consenso e impiden la apertura de un periodo de libertad constituyente. El pueblo español queda secuestrado por la demagogia y la mentira, acobardado y amenazado por el ruido de sables, imposible en aquellos días. España se homologa en Europa y funda su partidocracia, su monarquía de partidos, un régimen a imagen y semejanza de las naciones europeas liberadas del nazismo.
Treinta y seis años después, la corrupción se desborda. No hay ni un sólo partido estatal que haya formado parte de algún gobierno y se encuentre libre de la corrupción. Y es que los partidos estatales son en sí mismos elementos corruptos. No sólo por la forma con la que entraron en el Estado, sino porque su dependencia del Estado, su poder dentro del Estado, los convierte en una maquinaria oportunista de la demagogia,. ¿Dónde está PODEMOS? En el consenso, en la oligarquía. PODEMOS ofrece falsas esperanzas a un pueblo ignorante en lo político, un pueblo incapaz de ver que su libertad sólo será posible cuando la logre por sí mismo. No hay libertad otorgada, sino conquistada con la fuerza pacífica de la libertad constituyente. PODEMOS es una farsa política, un nuevo engaño que da oxígeno a un régimen caduco. Su aspiración no es la libertad, sino la igualdad de condiciones. Pero ni siquiera en este aspecto son honrados. Puesto que si la socialdemocracia te obliga a abandonar tu ideología, no cabe otra igualdad que la del juego de los oligarcas. PODEMOS ya es igual que el resto de partidos estatales. Tras la corrupción ideológica y moral a la que obliga el consenso, sólo le falta la corrupción económica. Y ésta llegará cuando gobierne. Si no, tiempo al tiempo.
Paco Bono Sanz
Artículo publicado en DiarioRC.com el pasado 04 de noviembre de 2014

29/10/14

Pablo Iglesias, ¿PODEMOS suicidarnos?

Podemos, Podemos, Podemos hasta en la sopa. Y de repente, un tipo que hablaba en una tuerca se convierte en el nuevo salvador del pueblo, que no de la Nación, y ahora diré el porqué. ¿Podemos?, ¿qué podemos, Pablo Iglesias?, ¿qué puedes?, ¿qué quieres? ¿A quién engañas con tu retórica y tus discursos populistas? Ya has afirmado tu centrismo, como lo hiciera antes Felipe González, o José María Aznar cuando nos vendía el centro reformista. Ya has traicionado tus ideales, como todos aquéllos que han entrado en la socialdemocracia y el consenso; ya eres de hecho lo que siempre sospechamos, un miembro más de esa casta que tanto criticabas, un oligarca, un poderoso del Estado dispuesto a sentarse para negociar con quienes tú tanto odiabas. ¿Hablando se entiende la gente, Pablo? Eso decía Juan Carlos, eso dice su hijo Felipe. Y no se equivocan, así es, el consenso es el diálogo para el reparto del poder, la concordia, ¡ahí tenéis vuestro botín! Consenso, podemos pactar un nuevo consenso, podemos destruir la Nación española, podemos enriquecernos, podemos empobrecer a nuestros enemigos. ¿Acaso puede haber algo limpio tras semejante elefante mediático? ¿No veis que lo que se está tejiendo es la creación de un nuevo consenso para una nueva oligarquía?
Mariano Rajoy es historia. El PP pasará en breve al barbecho. El PP, el único partido de la oligarquía que defendía la unidad de suicidio, cuanto menos, aunque tampoco reconociera la verdad de que la Nación española es una realidad objetiva creada por los hechos de la historia, y no es fruto de ningún pacto de unión, sino de la mezcla de voluntad y azar, guerras, matrimonios, oportunismo, ambiciones encontradas, casualidad… ¡España es desde hace 500 años! ¡Este régimen corrupto es desde hace 36 años! Pero volvamos a PODEMOS, centrémonos en Pablo y sus secuaces, en todos los que le dan coba, incluido aquéllos que traicionaron los principios del movimiento ciudadano que sostiene este diario, perfectamente recogidos en la acción y en la obra de Don Antonio García-Trevijano, su presidente y fundador. ¿PODEMOS suicidarnos? Porque ninguno de vosotros, viejos y nuevos oligarcas, reconocéis la realidad objetiva de la Nación Española.
¡Estamos hartos! No indignados, peor, hastiados. Porque somos muy pocos los que conocemos la verdadera naturaleza del problema de España. Sabemos, pero no podemos decirlo al gran público porque no nos lo permiten. El Estado practica su censura a través del veto que los propios medios a los que éste otorga licencias se imponen. No hay libertad política, ni libertad de pensamiento. Este régimen corrupto en el que los partidos son las máquinas de la corrupción, el Congreso es la máquina de blanqueo de la falsa democracia y la fiscalía ejerce de la policía del Estado al servicio del régimen, es capaz de acabar con España con tal de mantenerse en su ser, en el consenso, ese mismo que ya han roto los nacionalistas catalanes. El mismo consenso que parecía finiquitar el PSOE cuando tras la marcha de Rubalcaba se oían voces de república, la vieja, la reaccionaria, pero república. Por eso huyó el Rey Juan Carlos, acobardado, sabedor de que sin consenso no hay corona, y sin corona no hay inviolabilidad, y sin inviolabilidad no hay corrupción, y sin corrupción no hay fortuna.
Podemos, ¿qué podemos, Pablo? Vas a entrar, lo sabes, porque en cierta forma ya lo has hecho. Tuyos son los medios de la izquierda social del nuevo consenso que se fragua. La izquierda social, sí, porque en lo político todos sois de derechas, todos sois conservadores, valedores de viejas ideas y de obsoletos medios. Pablo, tú has dicho que estás de acuerdo con el derecho a decidir del pueblo catalán. Tú, un comunista que desconoce las teorías comunistas respecto a este asunto. “La clase obrera no está para fundar naciones”, decía Carlos Marx. Porque en España, Pablo, sólo hay una Nación, España, y por tanto, hay sólo una nacionalidad, la española. Tu asalto al cielo de la oligarquía no puede sino aterrorizar a todo español con sentido común y conciencia de sí mismo. Porque tú no amenazas a la oligarquía, tú eres en realidad un órdago a la propia existencia de España. Y sin España, ni puede haber libertad, ni puede haber república, ni puede haber democracia. Tras el suicidio nacional no quedarán más que escombros. ¿Qué podremos hacer entonces, Pablo Iglesias?
Paco Bono Sanz
Publicado el martes 28 de octubre de 2014 en DIARIORC.COM

7/10/14

NUEVO CONSENSO, NUEVA TRAICIÓN

Falsa constitución, yo te maldigo, texto escrito en secreto, trinchera del consenso político, plataforma para el pensamiento único, consecuencia del acuerdo entre franquistas, socialistas, comunistas y nacionalistas para el reparto del poder que le dejó en bandeja Franco a Juan Carlos, traición incluida. ¡Don Juan de Borbón!, ¡él fue la víctima! También lo fue Don Antonio García-Trevijano, pero con distinto destino. El primero acabó callando la verdad en aras de un falso honor y el segundo fue difamado, perseguido y apartado de los medios afines al nuevo régimen que no perdona la verdad.
Don Juan se comprometió ante Don Antonio, su leal abogado, tal y como éste ha hecho público en reiteradas ocasiones, a que permitiría la apertura de un periodo de libertad constituyente para que los españoles pudieran elegir la forma de Estado y de gobierno. Este compromiso resultaba inaceptable para el poder saliente franquista, pero también para el poder entrante socialista, que sin haber arriesgado ni un cuello en la lucha clandestina contra Franco, cuando Franco todavía era “El Caudillo” con todas sus consecuencias, iban a recibir el vellocino de oro de manos de Juan Carlos.
Lo hemos dicho muchas veces, pero hay que repetirlo las que sean necesarias, pues tan pésimo personaje para la historia de España, tiene un aeropuerto hoy con su nombre; nada menos que Barajas. Franco nombró a Juan Carlos contra la voluntad de su padre, Don Juan, quien mandó a Don Antonio la redacción de una carta en la que le prohibía a su hijo que aceptase la corona del dictador y le mandaba que respetase el orden dinástico establecido por su padre, el Rey Alfonso XIII, quien había nombrado heredero a Don Juan de Borbón. Pero por todos es sabido que Juan Carlos no hizo caso y que su padre calló durante el resto de sus años. Sus últimas palabras fueron: “Por España, majestad, viva el rey y viva España”. Lo leyó como un robot, le temblaban las manos tanto como el corazón y la conciencia, y eso que habían transcurrido ya casi diez años desde la traición.
Juan Carlos, ya coronado, nombró a Adolfo Suárez, antiguo jefe de la Falange, el que nos venden como el Kennedy español. ¡Anda que no dista! La historia se presenta como para no tomársela en serio, pero así fue. Don Adolfo Súarez, ávido de ambición y protagonismo, embriagado de vanidad, y demostrando un erróneo patriotismo, típico de todo falangista influenciado por la falsa idea de la subjetividad de la Nación, frívolamente descrita en el pésimo libro “España Invertebrada” de Don José Ortega y Gasset, preside la mesa de La Moncloa y toma tres medidas clave para el futuro de España: saca adelante una reforma política, o lo que es lo mismo, se continúa con el régimen franquista reformado; legaliza el partido comunista y declara la amnistía; y establece el café para todos, contentando así a los nacionalistas. Sí. No lo olvido. Retomo el tema de la secreta, ese inaplicable texto no constitucional de 1978; que ya lo dijo la Asamblea Nacional Constituyente Francesa en el artículo XVI de su Declaración de derechos del hombre y del ciudadano: “Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución”. La Constitución de 1978 es el verdadero enemigo de la Nación Española, porque la secuestra y la entrega a los enemigos de España, los suicidas nacionalistas.
Derrotados Don Juan y Don Antonio por Kissinger y por los reformistas, traicionados ambos por aquellos que habían permanecido a su lado durante los largos y duros años de exilio y de oposición a la dictadura franquista, la continuidad del régimen se enmascaró con el consenso, disfrazado de una democracia imposible por la previa ausencia de una constitución que separa los poderes. ¿Qué separación de poderes habría en un régimen fundado por los dedos, la traición y la mentira? El Estado organizó a la Nación, la dividió en feudos y lo llamó diversidad, como si fuera posible ponerle límites al aire. ¡Ah! Pero amigos, al poder, a eso no se puso ningún límite más allá del pacto y la corrupción por sistema. De aquellos lodos, estos barros. Ahora nos proponen un nuevo consenso constitucional, una nueva reforma del régimen franquista que todavía padecemos por su naturaleza incontrolable. ¿Dónde se encuentra la nueva traición que nos ocultan? En la ruptura de aquello que antes se repartió, la Nación: el suicidio nacional. Imaginen que el Papa se reuniera con los cardenales para votar sobre si Dios existe o no. ¡Resultaría inaudito! Sin embargo, he aquí lo que la nueva oleada de canallas oligarcas pretende hacer con una España hundida en una terrible crisis de existencia; y ahí es donde se suma PODEMOS al consenso, para su destrucción definitiva.

Paco Bono Sanz
Publicado en DiarioRC el lunes 6 de octubre de 2014.

5/10/14

Régimen de poder en España

Don Cosme y Don Damián
– Se me olvidó felicitarle por su santo. ¿Cómo se encuentra?
– En todo mi ser. Porque yo sé quien soy. ¿Y usted?
– Mi memoria funciona a la perfección. No olvido la verdad de los hechos; a mí no me engañan. Conmigo no pueden.
– ¿Se refiere a la situación del poder en España?
– A eso mismo. Si la mayoría de la gente fuera consciente de la realidad de lo político. Si supieran que la política es simple y llanamente la ciencia del poder. Si entendieran que, como ya demostró Montesquieu, un poder sólo puede ser detenido por otro poder de igual o similar magnitud, entonces, y sólo entonces, España empezaría a ver la luz.
– ¡Si todavía hay quienes creen que en España hay democracia! Dicen, los muy ingenuos, que se trata de una democracia con muchos defectos, pero que se puede mejorar.
– ¿Democracia en España? Jajaja. Por favor, no siga. Menudo chiste. Veamos. Analicemos la política en España según la naturaleza de la política: el poder. Hace casi 40 años, el poder político en España lo acaparaba Francisco Franco, quien presidía el gobierno y nombraba a los ministros, a los parlamentarios, así como controlaba la función judicial. Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, se encontraban en manos de una misma persona, aunque sus funciones estuvieran separadas, lo cual es lo mismo.
– Continúe por favor.
– Por supuesto. A la muerte de Franco, sucede en España, lo mismo que ya había ocurrido en otros lugares a lo largo de la historia. Fallecido quien acaparaba el poder, la pregunta era: ¿quién iba a controlarlo?
– ¿No menciona usted lo sucedido antes del fallecimiento del dictador? Es importante.
– Sí, tiene usted razón. Franco que, odiaba la libertad política y la democracia (aunque también las desconocía), procuró toda serie de medidas para evitar que en España se llevara a cabo una ruptura democrática una vez caído su régimen. Para ello, embaucó a un joven y ambicioso Juan Carlos, a quien invitó a que aceptase la sucesión al trono (instaurando una nueva dinastía) en contra de la voluntad de su padre, legítimo heredero. Era sabido que Don Juan, que había estudiado en Reino Unido y conocía muy bien aquel régimen de libertades y a sus escritores y filósofos, no tenía inconveniente en someter la posibilidad de la vuelta de los Borbones al Trono de España a la celebración de un periodo de libertad constituyente que permitiera a los españoles la elección de la forma de Estado y de gobierno. Incluso, es conocido, por medio de Don Antonio García-Trevijano, que Don Juan le encargó que redactara una constitución para una posible monarquía constitucional, es decir, una monarquía con separación de poderes.
– Pero Don Juan, como usted afirma, fue traicionado. Y con dicha traición, se abrían las puertas al pacto, al consenso… y se impedía la ruptura democrática.
– Efectivamente. Muerto Franco, su sucesor se puso manos a la obra con la intención de estabilizar el poder que había heredado. Debía lograr dos objetivos: la legitimación de su trono y el pacto entre las fuerzas que se disputaban el poder, tanto franquistas, como de la oposición. Para la consecución de lo primero, se escenificó en un acto público la renuncia de Don Juan a la corona en favor de Juan Carlos (Don Juan, como todos los monárquicos, tenía un equivocado concepto del honor; ya que no puede ser causa de honor la legitimación de una traición, aunque la traición la cometa tu hijo). Para lo segundo, permitió que Manuel Fraga encerrara en la cárcel a destacados miembros de la Junta Democrática, entre las que se encontraba su coordinador, Antonio García-Trevijano, que pasaría cuatro meses en prisión, los necesarios para que el pacto para la reforma política saliera adelante sin una sola voz en contra. Tras la traición al honor, había fructificado la traición a las ideas. Los comunistas se sumaban al consenso y el PCE era legalizado un año más tarde por el Presidente Suárez, ex-jefe de la Falange, nombrado a dedo por Juan Carlos.
– Se fundaba el consenso.
– Sí, el pensamiento único. La gran mentira.
– No había ruptura democrática.
– Claro que no. Se imponía la continuidad del franquismo por la vía de la reforma política. Un fiasco. Todos los partidos traicionaron sus ideales con tal de pasar por caja. Se redactaba una constitución en secreto, sin que se hubieran celebrado unas elecciones previas a cortes constituyentes. La Constitución Española no procede de un poder constituyente, sino de un poder constituido nada menos que por Franco. Juan Carlos ocuparía la jefatura del Estado, sería inviolable. A cambio, los partidos podrían repartirse el poder político. Hay algo de común en todos ellos a parte de la traición, la corrupción.
– De un poder dictatorial, aunque con separación de funciones, pasamos a un poder oligárquico con separación de funciones.
– Así es. Igual que sucedía con Franco, el poder en España sigue sin ser controlado. Y este es uno de los motivos de lo alarmante de la situación.
– Sin olvidar que la continuidad del Franquismo por la vía de la reforma, conllevó la continuidad del nacionalismo y del concepto subjetivo de la nación.
– ¡Esto es gravísimo! Tiene razón. El régimen de Juan Carlos ha unido el destino de España al suyo propio mediante la introducción una falsa constitución que no sólo no separa los poderes, sino que contiene definiciones confusas sobre la nación y la nacionalidad. La Constitución de 1978 es el caballo de Troya que los nacionalismos periféricos están utilizando para destruir España.
– Si la mayoría de los españoles comprendieran esto. Si fueran conscientes de que la existencia de España no depende de la voluntad, de que no es materia decidible, sino que está determinada por la historia, si asumieran la realidad objetiva de la Nación Española, no vivirían con tal grado de confusión y frustración.
– Sólo un sistema político podría sacar a España de su crisis.
– ¿Un sistema?
– Sí, un sistema. España padece un régimen político.
– ¿Qué diferencia hay entre régimen y sistema?
– Con un régimen es el Estado el que organiza a la Nación. Con un sistema es la Nación la que organiza al Estado.
– Lo tengo muy claro. Sigue pendiente la libertad política y el control y limitación del poder.
– Seguimos luchando por ello, hasta el final.

27/9/14

La carta de Rajoy a Más

Muy honorable Artur Más i Gavarró,
Escribo la presente carta para poner los puntos sobre las íes ante una situación que está llevando a España a la peor crisis de su historia. Quiero, con esta carta, dar respuesta a su pública intención de convocar un referendo sobre el derecho de autodeterminación, o lo que usted llama “derecho a decidir”. Como ciudadano español le voy a transmitir las razones ontológicas por las cuales bajo ningún concepto vamos a aceptar que someta al Estado y a la Nación españoles a un proceso suicida. Como Presidente del gobierno de España le voy a advertir sobre las consecuencias legales de sus actos.
¿Qué es España? ¿Se lo ha preguntado usted alguna vez con sinceridad? Se lo diré. España es una nación creada por la historia mediante hechos voluntarios e involuntarios, que llamamos azar. ¿Qué es Cataluña? Cataluña, como el resto de regiones, forma parte de un todo que no se puede fragmentar so pena de su desaparición total. ¿Por qué España está unida? ¿Lo sabe usted? ¿Acaso desconoce la existencia del Compromiso de Caspe? ¿Desconoce el hecho de que unos compromisarios, entre los que se encontraba un catalán, votaron en 1412 sobre la elección del nuevo rey de Aragón tras la muerte de Martín I el Humano? En aquel cónclave se optó por entregar la Corona de Aragón, que incluía también el territorio que hoy es Cataluña, a Fernando de Antequera, infante de Castilla. Como usted sabrá, Fernando I de Aragón es el abuelo del que sería Fernando III de Aragón quien se casaría con la princesa de Asturias, Isabel de Castilla. Pero la fructificación de este matrimonio no resultó fácil. Cautiverios, conspiraciones, asesinatos y guerras hubieron de sucederse para que Isabel y Fernando consiguieran unirse en matrimonio, y con él, sus reinos. Luego vino la conquista conjunta del Reino de Granada.
A la muerte de Isabel, Fernando asumió el control de España e integró al reino de Navarra en la Corona de España, cuya Nación y Estado eran ya reconocidos por el resto de estados europeos, como se demuestra en las palabras de Nicolás de Maquiavelo, recogidas en su libro “El Príncipe” (1513), donde dice: “Nada proporciona a un príncipe tanta consideración como las grandes empresas y el dar de sí ejemplos fuera de lo común. En nuestros días tenemos a Fernando de Aragón, el actual Rey de España, al quien casi es posible llamar príncipe nuevo, porque de rey débil que era se ha convertido por su fama y por su gloria en el primer rey de los cristianos”. Sucesiones, guerras, bodas, conspiraciones, ambiciones, condicionantes geográficos, todo ello en suma ha conformado nuestra Nación, una de las más antiguas de Europa. Cataluña ha tenido su papel, sin duda, como también el resto de regiones; pero no es que Cataluña forme parte de España, sino que Cataluña es en sí misma España, como España es en sí la causa y razón de Cataluña y de cada una de sus regiones.
Espero haberle aclarado los orígenes históricos de España. Porque, nos guste o no, la historia es la que es, y si la existencia de España no ha sido nunca sometida a la voluntad de ninguna generación de españoles, ¿por qué habría esta generación de gozar de la facultad suicida que usted reclama? Para acabar con España (y con Cataluña) no cabe la acción pacífica, porque como dice Don Antonio García-Trevijano (le recomiendo que lea su obra “El discurso de la República. Del hecho Nacional a la conciencia de España”): “no son los hechos de existencia materia para la democracia, como tampoco podemos votar si Dios existe o no”. La Nación y el Estado españoles son consecuencia de hechos de existencia, no de experiencia. Sólo podrá usted destruir España y, con ello, también Cataluña, si osa enfrentarse al resto de la Nación, y la derrota. Pero no crea que el Estado, como sujeto jurídico de la Nación, va a quedarse quieto y no le va a plantar cara hasta las últimas consecuencias.  Su locura será combatida sin cuartel.
Como me temo que lo expuesto en los primeros párrafos del texto no le hará desistir de sus intenciones, quiero, a continuación, detallarle las acciones inmediatas que tomará el gobierno en caso de que usted haga público un día más su deseo secesionista (artículo 548 del código penal), así como si se le ocurre convocar un referendo suicida  (artículo 545 del código penal):
Artículo 548 del Código penal español.
La provocación, la conspiración y la proposición para la sedición serán castigadas con las penas inferiores en uno o dos grados a las respectivamente previstas, salvo que llegue a tener efecto la sedición, en cuyo caso se castigará con la pena señalada en el primer apartado del artículo 545, y a sus autores se los considerará promotores.
Artículo 545 del Código penal español.
Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo.
Como ya hiciera en 1934 el gobierno legítimo de la República Española, no me temblará el pulso a la hora de emprender las acciones legales necesarias si usted continúa con su locura suicida. La ley no está para fundar naciones, las naciones, como lo es España, son anteriores a toda constitución y régimen político. Es mi compromiso, como hijo que soy de España, hacerle llegar esta realidad. Pero es mi deber, como jefe del Estado de partidos, transmitirle las consecuencias legales de sus actos.
Mariano Rajoy Brey
Presidente del gobierno de España
Nota del articulista: Ojalá esta carta fuera una realidad. Pero sin inteligencia, ni valor, esta misiva nunca podrá tener lugar.

4/5/14

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