30/10/13

La partidocracia (IV)


Ya sea con forma de Estado republicana o monárquica, la forma de gobierno partidocrática consiste, como bien dice Don Antonio García-Trevijano, en un régimen de Estado repartido. Su poder no sólo se asigna a los grupos políticos afincados en el Estado, sino que se comparte con otras organizaciones como son las centrales sindicales “mayoritarias”, las patronales, los lobbies culturales y movimientos varios, todos ellos financiados con dinero público, forjándose así una oligarquía de poder. La partidocracia divide el país en dos clases, los mantenedores y los mantenidos.
¿Cómo es posible que la sociedad civil acepte sin más este rol de servidumbre con el nivel cultural que se presume ha alcanzado? Porque el régimen de partidos, que por su carácter no representativo ha de acudir siempre a la estadística y a las encuestas para justificar sus acciones, utiliza todos los medios de imposición a su alcance para inculcar a una mayoría suficiente la falsedad de que la forma de gobierno es democrática. Ningún colectivo próximo o dependiente de su poder pondrá jamás en duda esta mentira que es la democracia de partidos. ¿Cómo se va a rebelar un pueblo para conquistar la libertad política si está en gran número convencido de que su régimen es democrático? ¿En qué cabeza cabe que puedan llegar a dudar del sistema quienes ignoran su verdadera esencia? Sumidos en tal engaño, los súbditos creen ingenuamente que el problema está en las personas y no en el sistema. “Si nos gobernara gente decente no habría tanta corrupción”, afirman muchos. Pero olvidan que la decencia es un valor que se ha de proteger, que lo humano es corrupto desde ese mismo momento de la infancia en que se pierde la inocencia. ¿No son los niños por naturaleza egoístas y crueles? ¿Acaso no necesitan educación e instrucción? El hombre es corruptor y corrompible; por tanto, si les entregamos el poder sin límites a unos pocos, no podemos esperar otro final que la perversión.
La partidocracia es el régimen de la conspiración, de los despachos, en ella las Instituciones son un mero escenario para representar un teatro ya escrito. Da igual los compromisos adquiridos entre un partido aspirante y sus votantes, cuando aquél ocupe el poder dejará de fingir y mostrará sin tapujos su dependencia absoluta del Estado, su matriz, y afirmará sin el menor reparo que su gobierno es de todos y para todos y que su acción está condicionada por el interés general. Es por esta razón que el voto es inútil para la sociedad civil, ya que no elige políticas, sino las siglas y los proyectos oportunistas; quién pervierte el Estado y en qué grado.
Cuando una partidocracia se adentra, además, en un periodo de gobiernos con mayoría absoluta, la política desaparece como tal, y los acuerdos entre el partido gobernante y el resto de grupos del Estado repartido se limitan a meras transacciones económicas con las que satisfacen sus intereses y los de sus lobbies. La partidocracia es un fraude que triunfa porque permite la libertad de expresión, pero no la de pensamiento. Y quien no reflexiona, no puede dudar, quien no duda, no puede aspirar a nada, quien habla por hablar, no supone ninguna amenaza para el sistema. Si no, escuchen la mayoría de tertulias políticas.

La partidocracia (III)


Los “Partidos Estado”, financiados con dinero público y desconectados por ello de la sociedad, se erigen como enormes conglomerados “empresariales” unidos por el consenso, con el que secuestraron lo político en favor de su política, haciendo de los problemas singulares, conflictos colectivos que ellos denominan “políticas” (demagogia). En esta situación, es imposible la existencia de diferentes “políticas” como tales; o hay libertad política o no la hay, he aquí la clave. La sociedad y la Nación son anteriores a la política, porque lo político es previo, igual que un hijo es consecutivo a una madre. Toda la sociedad conforma lo político, la Nación, tanto en lo plural como en lo particular, por esencia.
La partidocracia secuestra lo político y entrega la potestad de la acción política (con todos los poderes no separados) en exclusiva a los partidos. Los votantes observan con estupor cómo los partidos que afirman falsamente representarles traicionan una y otra vez sus compromisos actuando según su interés oportunista. Es por ello que el Estado de partidos es un régimen de frustración, ya que no cumple una función de enlace entre lo político (la sociedad)  y la política (lo que demanda). Para solventar este cortocircuito entre la Nación y el Estado, el régimen de partidos emplea la técnica “goebbeliana” de la mentira, herramienta fundamental en todo sistema de poder partidocrático tras la derrota del nazismo.
¿Cómo se puede mantener vivo durante tanto tiempo un régimen enrocado en la mentira? Mediante la demagogia, la sobrecarga de información simplificada y, sobretodo, generalizando la ignorancia. La partidocracia trata de hacer cómplice de sus fechorías a la sociedad civil, intenta corromperla para inmunizarse ante una posible situación de  rebeldía, provocando con ello el paso de un “estado de frustración” a un “estado de amargura” colectiva. La amargura lleva a la indignación, emoción inútil, cuando los súbditos, sabedores de su desamparo, padecen la impotencia que ocasiona su ignorancia, su esclava dependencia del Estado, ajeno a su control, droga que los ha hecho adictos a la mentira de lo que nunca fue posible ni creíble, el Estado de bienestar prometido por el “consenso”. Por ello no es de extrañar que la partidocracia sea el régimen de la manifestación callejera, del pataleo infantil, el régimen de las encuestas, de la infinita tormenta de ideas que no llevan a ninguna parte, un callejón sin salida en el que la gente da vueltas mientras los partidos observan desde la atalaya de lo público, el viejo balcón de los dictadores.
Atrincherados en su fortaleza, los partidos tratan de perpetuar su poder relativizando la verdad, la vida, la libertad, el bien, ocultando lo puro, lo positivo, aquellos principios entre los que se halla la libertad política. Todo parece gris, porque el blanco y el negro no se permiten por separado, la verdad llega a estar perseguida, porque despierta lo político, porque la verdad es el fuego que amenaza a los partidos y a su imperio de poder falaz y totalitario, generador de una frustración, una amargura  y una indignación que sólo les explota en el momento que se acaba el pan y el circo. Es entonces cuando la gente descubre que se ha cumplido la parábola que dice: “quitadle pues el talento y dádselo al que tiene diez.  Porque a todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores. Allí habrá llanto y crujir de dientes”. Si renuncias a la libertad política a cambio de que el Estado te “mantenga”, la política (la partidocracia) te quitará hasta lo poco que tengas. Para evitar esta terrible situación, se inventó la democracia; inédita en España.

14/9/13

La partidocracia II


La “constitución” española de 1978 afirma en su artículo 6 que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Con este artículo, los partidos que consensuaron la partidocracia española establecieron para la participación política en el estado la condición indispensable de militancia en un partido.
Los partidos se convirtieron así en la conexión entre la sociedad y el estado. Pero dado que todo español podía fundar una nueva organización política, los constituyentes se ocuparon de limitar el acceso mediante una discriminación de carácter financiero. Los fundadores del régimen partidocrático español demostraron un descarado oportunismo al aprovechar su protagonismo en la transición para blindar la preeminencia de sus organizaciones políticas sobre cualesquiera otras que se pudieran conformar. Los grandes partidos, mal llamados nacionales o nacionalistas, financiados todos por el estado desde su origen y, por ello, desvinculados de la sociedad, fundamentan su poder con la falaz propaganda de la “legitimación” de unas urnas que en realidad sólo sirven para la selección de unas listas cerradas e impuestas a dedo en enormes distritos en los que la representación “ciudadana” es imposible.
El oligopolio de partidos se refuerza con la aprobación de una ley electoral que establece unos mínimos difíciles de alcanzar por cualquier contrincante sin el apoyo cómplice de los medios de comunicación de masas, públicos o privados, tutelados en mayor o menor grado por el propio estado, que otorga las licencias de emisión de radio y televisión. Pero no se confundan, la clave no estriba en qué partido sea el que tome el poder, la cuestión no es el porcentaje, sino el sistema corrompido y corruptor de toda aquella organización que se aposente en las entrañas del régimen, ya sea su finalidad, política, sindical o meramente cultural.
El estado aspira a ser todo, y los partidos, al ser estado en sí mismos, cumplen el único objetivo de servir a sus intereses partidarios, llegando a conformar estados paralelos con gigantescas estructuras donde se trafica con las influencias y se mercadea con la nación, tildando de interés general asuntos que sólo benefician a unos pocos apoltronados y a sus socios, chupópteros por mandato constitucional.
Paco Bono Sanz
Publicado en Diariorc.com el 05/12/2012

10/9/13

Un caballo de Troya


El Estado español… afirman los nacionalistas, cómo si hubiera más de un Estado, dividido en feudos, es cierto, pero uno al fin y al cabo, como una Nación, como una historia común, como un idioma común, como una desgracia común, el consenso, la trama, la traición. Unionistas y secesionistas pactando contra la Nación, con el fin de repartirse el botín del Estado y su poder.
Desde la mal llamada Transición, España permanece secuestrada por la Constitución de la frustración, texto larguísimo, contradictorio e inútil que ha llevado a la Nación al abismo de ser considerado un concepto discutido y discutible. Con ella, una banda de oligarcas subvencionados ha engañado a la mayoría de súbditos y les ha hecho creer que la forma de gobierno establecida es democrática. Pero como no hay reglas de juego, no hay constitución, porque ni hay separación de poderes ni hay representación. Por eso España sufre siempre la amenaza de la ruptura, porque han enterrado la verdad, y han hecho de nuestro país un territorio ficticio a la medida de unos pocos, un escenario artificial en lo político, con el terrible riesgo de que a largo plazo la separación de territorios sea real e irreversible.
Todavía hay ingenuos que creen que la forma de garantizar la unidad de España y la libertad de los españoles es defender la Constitución de Juan Carlos. ¡Cómo va a ser esta Constitución salvaguarda de la unidad de España si España es tras ella en un mero espacio para el mercadeo político de los partidos!, ¡si por su causa se violan con impunidad derechos humanos de cientos de miles de personas en aquellas regiones en las que los partidos nacionalistas, con la tolerancia de sus socios de Madrid, han instaurado regímenes de poder indefinidos al amparo de la Carta Magna! ¿Cómo es posible que no se permita estudiar en idioma español en muchos lugares de España? La Constitución Española de 1978 es el caballo de Troya que utilizan los enemigos de España para destruirla.
Las víctimas no se cansan de gritar dignidad y justicia, pero se dirigen a políticos que no pueden ser ni dignos ni justos porque no son legítimos. La falsa democracia ha abocado a las víctimas a la locura del que se acostumbra a la traición. Aún no han comprendido que Eta no ha entrado en el Estado, sino que Eta está en el Estado por sistema, porque el sistema lo permite y sus creadores lo utilizan como muro de contención social.
España es un tren de tres vagones, la locomotora es el Estado, detrás viajan en primera y en turista, que da lo mismo, la monarquía, los partidos (nacionalistas y no nacionalistas) y los sindicatos. Como el Rey está quemado y al descubierto, envía a su hijo, Felipe, para que se haga una foto de campaña ante los periodistas figurando en medio de Artur Más y de Mariano Rajoy en plena inauguración del AVE. Y he aquí el teatro con el que distraen nuestra atención mientras preparan el camino al partido de Leticia, la permanencia de su régimen, la entronización del heredero. Y es este proceso de continuidad lo que conlleva el hecho más grave de todos: el consenso ha sometido ya a toda la prensa hegemónica, y la ha hecho cómplice de su mentira a cambio de que pueda vivir también de ella. Unos y otros se esfuerzan en infundir falsa esperanza al pueblo español para que no despierte de la frustración y no escape de su servidumbre, porque todos nos niegan la verdad. La Nación española está perdida porque una mayoría cree que la política es el arte de decidir quienes han de viajar en los vagones de primera y quiénes lo han de hacer en los de turista. Y no se dan cuenta de que da igual la plaza que ocupen si en el tren siempre van los mismos, los chulos del Estado de partidos, que la Nación observa desde fuera y paga los billetes
Paco Bono Sanz
Diariorc.com 22-01-2013

LA PARTIDOCRACIA I


En España no tenemos cultura sobre la libertad política; la verdad es que apenas sí la hay en toda Europa. Ya lo explicó Don Antonio García Trevijano en su magnífico libro Teoría Pura de la República: una república parlamentaria de partidos llevó a España a la guerra civil y al Viejo Continente a la victoria del nazismo. La partidocracia, por su propia condición de poderes no separados, y a causa de su obsesivo deseo de homogeneización social e ideológica de la nación, supone un camino fácil para el totalitarismo. ¿Cómo es posible que vistas sus terribles consecuencias continúe siendo la forma de gobierno más habitual en todo el mundo? Debido a que, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, que debía maniobrar con rapidez, optó por reimplantar las partidocracias en Europa con objeto de controlar a los prebostes de los nuevos regímenes parlamentarios ante el peligro de expansión del totalitarismo comunista.  Ellos sabían que lo que se instauraba en Europa no eran democracias, pero antepusieron su estrategia a esta verdad, aceptando sus consecuencias posteriores.  No les resultó difícil, puesto que los europeos siempre hemos sido fieles siervos, ya de Señores, de Reyes, de dictadores y, ahora, de partidos… Una gran mayoría ignora que la forma de Estado es la estructura política de un país, y la forma de gobierno es la manera en que esa estructura organiza sus poderes ejecutivo y legislativo.
En el caso de España, la forma de Estado es la monarquía (antidemocrática por su esencia) y la forma de gobierno la partidocracia (antidemocrática por su procedimiento). La partidocracia es un término moderno, difundido en España, entre otros, por el propio Don Antonio García-Trevijano, y cuyas raíces son “partis”, del latín, partido, partición, y “kratós”, del griego, poder. El objetivo de todo gobierno es el poder, y he aquí la clave de la partidocracia, ya que su finalidad no es el control y limitación de ese poder, como sí lo es en el caso de la democracia, sino su asignación entre los distintos partidos hasta la conformación de una oligarquía o élite superior subvencionada, con funcionamiento empresarial, que utiliza los comicios de reparto porcentual como excusa para someter a sus designios e intereses todos los aparatos del Estado no separados en origen y que son mantenidos por la Nación a través de los impuestos.
Los partidos políticos en España no se articulan, por tanto, como meras asociaciones de carácter ideológico, que sería lo deseable si nos organizáramos en democracia, sino como herramientas de acción política exclusiva y excluyente. La partidocracia española se fundó a través del consenso, y de ese contrato consensual ha derivado la fuerza del Estado y la debilidad de la Nación, hasta tal grado, que nos han llegado a convencer de que ambas cosas son lo mismo; otra terrible equivocación, herencia del totalitarismo. Es la Nación la que debe controlar al Estado, y no al revés. La democracia cumple esa función de salvaguarda y limitación de poder; la partidocracia, no.
Paco Bono Sanz
30-11-2012 Diariorc.com
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Violadores de la libertad


No son ellos, señores, aquellos quienes con porra y escudos, formando un ejército sin igual, se atrincheraron alrededor del Congreso recreando la escena numantina, no son ellos los culpables, ni se les puede atañer responsabilidad alguna; ellos no matan por el régimen, no amenazan con ello, se defienden de las pedradas y detienen lanzadores a la orden de los que designan sus salarios, los políticos de los partidos subvencionados, los mismos que tratan a los falsos rebeldes como a niños traviesos y a los ciudadanos como a imbéciles.

El otro día hubo violadores de la libertad a ambos lados de la muralla uniformada. Violadores con chaqueta, inviolables por mandato constitucional, franquista, traidores de Transición, socialistas, populares, partidócratas, todos juancarlistas; pero también violadores desaliñados, “perroflautas”, gritones de tres al cuarto que no han dado un palo al agua en su vida, farsantes fingiendo una lucha que refuerza al sistema que nos arruina y da aliento a los elementos políticos atrincherados en el Congreso-Estado del “consenso” en los despachos ajenos.

Un idiota en la red tachaba de asesino a un policía. ¡Manda huevos! Ese idiota estuvo a un lado de la verja, ansioso, armado por la farsa, reaccionario, enarbolando banderas del fracaso… Junto a dicho sujeto, algún diputado de la izquierda social de Estado, que no la izquierda civil, tan clandestina como la derecha callejera, se sumó al alboroto por un rato, vaya fiesta, menuda conjura de necios, qué delicia estar entre los “suyos”, jóvenes indignados, los mismos que ni  estudian, ni trabajan, incansables aspirantes a convertirse en insectos, los posibles futuros chupópteros de lo público (que dicen que no es de nadie). Ellos no exigen libertad política, sino cambio de acción dentro del mismo régimen; forman parte de la social-partidocracia subvencionada, son fundamentalistas adheridos a doctrinas reaccionarias que nutren el Estado de “bienestar”, confeccionado para ellos a cambio de su servidumbre, para su manutención sin esfuerzo, mientras se somete a un terrible secuestro a la sociedad civil activa y trabajadora, la emprendedora y leal, la valiente y pensadora, rescatada por las familias, el búnker de supervivencia en estos tiempos de incertidumbre ciudadana y podredumbre humana, en el que a los patriotas se les niega la Patria natural, y a los héroes el heroísmo. Ellos habrían de ser los verdaderos indignados, piensan muchos…

Sin embargo, ¿de qué sirve indignarse? Afirma Don Antonio García-Trevijano en su libro “Libertad Constituyente”, que “no tiene cabida en la menta sana indignarse contra lo normal y lo esperado. En la indignación tiene que haber algo sorprendente, no previsto ni previsible. La indignación contra lo normal , en un régimen sin libertad política colectiva, es una pasión de consumo para siervos dirigidos por malvados”. ¡La calle es un monstruo sin identidad! ¡Por eso es tan fácil de manipular si se dispone de los medios! ¡Muchas banderas tricolor!, ¡pero muy pocos símbolos reivindicativos de la libertad política!, porque los que portaban los estandartes, los de la cabecera, los “indignados”, no ambicionan democracia formal, sino república de partidos, el mismo perro sin rey, más intervención del Estado “social”, menos libertad ciudadana, más previsión, más control, más autoridad, más consenso, ¡menos sociedad civil! Demasiado montaje para una cuadrilla de trasnochados.

¿Para qué mil quinientos policías si sólo se trataba de un millar de “indignados”? Todo estaba planeado, se mostraron las imagen que interesaban a sus protectores políticos, esos oportunistas, estafadores en la acción política, usurpadores sociales, en tanto en cuanto no permiten la opción de la democracia, porque niegan la libertad política, competencia exclusiva de sus partidos, esas moles de pensamiento único y de frustración continua que se levantan junto a sindicatos y patronal sobre un pueblo incauto que los sostiene con sus impuestos, robo legal del esfuerzo ajeno ¡tremendo negocio del marquesado moderno!

Se nos ha negado la verdad, la certeza de lo posible y lo probable, la libertad. Por eso triunfaron, en el espectáculo de la tele basura noticiera española del multicanal, las miles de piedras lanzadas por los “indignados”, ocultando bochornosamente la reivindicación pacífica de millares de personas de a pie que allí acudieron para reclamar libertad política, y que se vieron, de nuevo, eclipsados por esos energúmenos de la primera fila, los actores con sueldo. La razón y el propósito de esta movilización fueron tergiversadas, y lo son hoy hasta en medios que utilizan la libertad como nombre, muchos de ellos son cómplices de la mentira política y se prestan a tratar al pueblo español como un rebaño. El hecho de que un sólo diputado de la izquierda partidocrática se atreviera a cruzar la valla para gritar con los manifestantes, demostraba que la toma del congreso iba a fracasar porque iba a ser manipulada.

Es una pena. ¡Cuánta gente digna embarrada por los indignados y sus socios del poder! Esta guerra, la de la libertad política, no se ganará con ninguna gran batalla, sino con pequeñas acciones constantes desde las millones de trincheras ciudadanas pacíficas, esos refugios de inteligencia al servicio de la verdad, defendida en el día día, difundida casa a casa, puerta a puerta, de boca en boca, escribiendo sobre ella, llenando internet de consignas y mensajes, creando vídeos y, sobretodo, no participando en los comicios del sistema. Aquí está nuestra baza, la educación, la fuerza de las familias, la inercia de los ciudadanos que no se rinden ni ante la ancianidad más cansada. Esto jamás podrán manipularlo porque está lleno de identidad, porque ellos no pueden vivir por ti.

Paco Bono Sanz
12 de octubre de 2012
Diariorc.com

19/1/13

Desahuciados por los partidos


Juan Carlos Primero tenía que ser Rey, lo dijo Franco, y todos obedecieron al dictador. Por lo tanto, el actual jefe de Estado es el heredero de Franco, y su trono se sustenta en el consenso. El consenso consistió en privar al pueblo español de un periodo de libertad constituyente, evitando así que pudiera elegir la forma de Estado y de gobierno. La Transición no fue, tal y como nos la han querido vender, borrón y cuenta nueva, sino la continuidad de la forma de Estado franquista con la incorporación de la forma de gobierno de partidos. Desde el instante en que se cumplieron los deseos del dictador, todas y cada una de las fuerzas políticas participantes en la fundación del nuevo régimen, sin excepción, legitimaron la victoria de Francisco Franco en la Guerra Civil Española, aquella terrible contienda consecuencia del fracaso de otro régimen partidocrático, la república de partidos, la Segunda, fundada contra el anterior monarca, abuelo del actual, tras el derrumbe del gobierno del general Primo de Rivera, apoyado por el propio Alfonso Trece.
Los partidos ningunearon a la Nación con su golpe a la Platajunta, relegaron a la sociedad civil a un segundo plano y acordaron, a espaldas de la Nación y en consenso con los partidos nacionalistas y anti-españoles, el desmembramiento del Estado y de la propia España en autonomías, proclamando a los cuatro vientos el éxito de su Transición, consumado con la redacción de una constitución llena de contradicciones, garante, no de los derechos de la Nación y de sus ciudadanos, sino de los del Rey y los partidos, de sus privilegios, de su oligopolio en la acción política, estableciendo el reparto de poder porcentual socialdemócrata y asegurando su primacía dentro del Estado, la subvención indefinida. Al “pueblo” lo compraron con artículos imposibles de cumplir y cuyo titular fue el “Estado de bienestar”.
Y ahora que se ha descubierto esta farsa insostenible, ¿nos indignamos? ¿Para qué? Hay quienes afirman que debemos luchar por los “derechos” que garantiza la Constitución. ¿Derecho a la vivienda digna? ¿Qué es eso? ¿Acaso puede el Estado garantizar tal cosa? ¿Quién determina qué es digno y qué no lo es? ¿Derecho al trabajo?, se referirán en todo caso al derecho a trabajar, justo lo que no te puede asegurar nadie en ningún lugar del mundo a no ser que aceptes convertirte en un esclavo miserable; en tal caso, trabajo no te faltará, pero libertad… ¡Qué se lo digan a la mayoría de los chinos!
Pero tratemos el problema de raíz. La crisis de España es más política que económica, y la una deriva de la otra. Esta es la crisis de la España del pelotazo. Ya no hay más que vender, no nos dan más crédito, se ha gripado el  motor con el que tantas veces nos han “sacado” de las crisis. El sector inmobiliario se ha ido a pique; cientos de miles de medianas y pequeñas empresas han quebrado, millones de españoles han acabado en las filas del paro. Se terminó el chollo, la era del consenso llegó a su fin, por eso se retuercen, recortan a diestro y siniestro, simulan falsos enfrentamientos entre ellos, utilizan cualquier medio y forma para embaucar a la gente, juegan al poli bueno y al poli malo, salen a la calle con sus huelgas generales para plantear nuevas batallas en su guerra sucia, la lucha de poder frente a la amenaza del fin de su forma de vida parasitaria. ¿Cómo van a dejar su puesto tantos enchufados sin morder antes como perros rabiosos?
Y de aquellos barros, estos lodos, nos bombardean con los desahuciados, practican demagogia barata en sus despachos y desde sus medios afines. Los mismos que nos han hundido en la mierda hasta el cuello pretenden convencernos de que nos sacarán de ella explotando sin escrúpulos la legalidad ilegítima de su régimen podrido. Porque ¿acaso el éxito de cualquier modelo hipotecario no está condicionado a que la gente tenga un trabajo? ¿No fueron los propios políticos y sindicalistas, con el control de las cajas de ahorro, los que “prestaron” barato mientras encarecían los inmuebles gracias a la especulación que practicaron sus autonomías y sus ayuntamientos con respecto al suelo? ¿Pensaron entonces, con los bolsillos llenos, en las consecuencias de lo que podía acaecer tarde o temprano? ¿Dónde está la pasta? ¿Quién se la ha llevado? Menudo negocio señores…
La gente se desespera porque el valor de mercado de sus viviendas se ha situado ya muy por debajo del precio al que las hipotecaron. Tu casa no cubre lo que le debes al banco y tu porvenir depende del Euribor. ¿Quién asume la responsabilidad ante esta situación? Yo les acuso a ustedes, partidócratas, ustedes son los auténticos culpables, los inquilinos del Estado, los herederos de Franco,  desagradecidos, traidores, despilfarradores, corruptos, hipócritas, usureros de lo público, reaccionarios de izquierdas o derechas, secesionistas o no, todos subvencionados por la gracia del Rey al que además detestan en privado. Ustedes fraguaron este “modelo” de Estado sin pensar en las consecuencias. Ustedes han intervenido la banca, el sector energético, los medios de comunicación, el sistema de enseñanza, poniendo esas herramientas al servicio de sus ranchitos para el saqueo en nombre de España.
El enemigo no son los “mercados” ni los bancos, sino los partidos y los sindicatos. Nuestro problema no es la prima de riesgo, sino la falta de libertad política, la carencia de democracia.
Paco Bono Sanz (Publicado en el http://www.diariorc.com el día20/11/2012)

Estados Unidos y la libertad


Cámara y acción. Circulo con mi coche. Es mediodía. Hay apetito. La radio suena de fondo, como el motor, el noticiario. El locutor emite su opinión, habla de Obama, de su victoria. Me llama la atención una de sus afirmaciones. Según el periodista, los mercados han castigado a Estados Unidos debido a que la separación de poderes del régimen americano ha impedido que Obama obtenga un apoyo mayoritario en el Congreso, no pudiendo por ello sacar adelante sus medidas contra la crisis; o sea, el sistema no le permite actuar como un dictador, respondo para mis adentros, sólo faltaba. ¿Qué emisora escuchaba? Se sorprenderían. ¿La separación de poderes como causa de la incapacidad política? ¡Manda narices! En tal caso lo sería la no división, que es lo que ciertamente limita la acción ejecutiva del Presidente de la República, triste dependiente del poder legislativo y de su veto. Aunque Estados Unidos sea la única democracia representativa del mundo, hito casual, excepcional, sin precedentes en la historia, debe reforzar la independencia de los poderes, ejecutivo del Estado y legislativo de la Nación. Y este es el problema al que se podría haber referido el periodista si no buscase faltar a la verdad.
La socialdemocracia Europea, el gran amaño del Siglo XX, nos tiene lavada la cabeza. Como explica Don Antonio García Trevijano en su magnífico libro Teoría Pura de la República, Europa ha mitificado la Revolución Francesa, que resultó un fracaso y acabó derivando en los regímenes de partidos que metieron a Europa en dos terribles guerras durante el Siglo XX. La Europa política actual se inspira en esa farsa revolucionaria y radica de la unión del totalitarismo del Este (asumido tras la caída del muro) y la socialdemocracia conservadora del Oeste (reconstruida por EEUU tras la Segunda Guerra Mundial). En Europa no hay una sola democracia formal y representativa, tan sólo repúblicas y monarquías parlamentarias con sistema de reparto de poder porcentual previa consulta popular. Política futbolística, vamos.
Algo parecido, pero peor, sucede en Sudamérica, donde el totalitarismo sobrevive en Cuba y crece en países como Bolivia y Venezuela de la mano de regímenes partidocráticos, como no podía ser de otra manera. “América para los americanos”, sin embargo, los EEUU jamás han promovido ni apoyado allí la creación de ninguna otra democracia representativa fundada tras un periodo de libertad constituyente. Muchas personas opinan que los yanquis intervienen en las naciones extranjeras como lo haría el perro del hortelano, devaluando su república democrática por causa de su tantas veces hipócrita y oportunista política exterior. Por esta razón  queda en segundo plano la estrella que es EEUU para el mundo, el motivo de su prosperidad y liderazgo moral, económico, cultural y político, la libertad política de que gozan sus ciudadanos.
Los europeos vivimos en la frustración porque nuestros regímenes se asientan en mentiras: ni somos libres, ni podemos decidir, somos siervos, súbditos con libertad tolerada y tutelada por entes “superiores” que nos consideran meros legitimadores de la trama que enmascara su poder repartido (que no separado). Nos venden una Unión Europea a imagen y semejanza a la de los Estados Unidos de América, ¿y quién se cree esta falacia? Por eso les interesa convencernos de que aquello es como esto, y viceversa, de ahí la parafernalia montada para alimentar la corrupción política e intelectual de los europeos. Hasta tal punto han triunfado en su maldad mediática que “artistas” como Alejandro Sanz han llegado a firmar que “no comprenden” que Nueva York sea una ciudad tan abierta y plural perteneciendo a Estados Unidos, ese monstruo tan feroz que nos somete. Quizá gran parte de la culpa de la mala publicidad que tiene USA provenga de la decisión que tomó de liderar occidente aceptando como democracias a las naciones que rescató de la barbarie totalitaria, cuando en verdad sabe que no lo son. Tal vez ésta sea la causa de la confusión general al respecto de la República de los Estados Unidos de América; porque no se entiende cómo un país tan escrupuloso con los derechos Constitucionales de su Nación frente al Estado, garantizados férreamente mediante sus formas republicana y democrática, tolere y haga uso de todo lo contrario cuando se trata de las naciones extranjeras. Y he aquí su mayor pecado, los americanos saben bien que los pueblos que no son libres, son más fáciles de controlar y someter.
Paco Bono Sanz (Publicado en http://www.diariorc.com el día 13/11/2012

Calle Carrillo


Pleno en el Ayuntamiento de Madrid. Ana Botella, alcaldesa de sustitución, ha prestado un nuevo servicio al “consenso”; otra traición acaecida ante la mirada atónita de los ingenuos electores, los que todavía votan porque creen que su voto sirve para algo más que la colocación de unos u otros amigos de los aparatos de los partidos subvencionados. Desde ya, una calle de Madrid ha tomado el nombre del fallecido líder comunista, Santiago Carrillo; famoso porque fuera consejero de seguridad pública cuando se produjeron las terribles matanzas de Paracuellos del Jarama, allá en los primeros meses de la Guerra Civil Española. Pero no desea el autor de este artículo centrarse en tan macabro acontecimiento, el mayor de las fosas comunes españolas, tantas veces analizado por buenos historiadores.
Esta medida resulta un acto bochornoso para muchos, que se preguntan cómo puede una institución gobernada con mayoría absoluta por el Partido Popular permitir que una calle de Madrid luzca el nombre de ese nefasto personaje de la extrema izquierda social. ¿Qué le deben los señores concejales populares a Carrillo? El PP de Madrid se ha lavado las manos a lo Poncio Pilatos y ha consentido, teatro de abandono del pleno incluido, que fueran otros los que firmaran la infame Calle Carrillo. Una vez más se demuestra que el voto del súbdito no cuenta nada, que sus señorías cesan en sus obligaciones a su antojo, sirviendo en bandeja sus cacareados principios y valores, ¿por qué?, ¿por los votantes a los que falsamente dicen representar? No. Por el pacto del “consenso”, ese que fraguaron en la Transición.
La Transición, también conocida como la “Traición” o “Transacción”, conllevó que la Nación Española pasase de padecer un régimen autoritario, previamente militar y, posteriormente de tecnócratas, a sufrir un régimen de autoridad compartida con reparto porcentual, eso que llaman soberanía nacional y no es más que libertad tolerada y tutelada, la monarquía parlamentaria, la partidocracia. Franco nombró al Rey y el Rey aceptó el pacto, el consenso entre todos los partidos, ya que sólo así garantizaba su “Trono” y sus privilegios. Los españoles no pudieron entonces elegir la forma de Estado y de gobierno. El pueblo hubo de aceptar con un sí o sí el consenso, y únicamente se le permitió responder sí o no a la Constitución que los pactantes ya habían redactado en los despachos. ¿Cambiaba algo el que ganase el no? No. ¿Tenía el pueblo español algún conocimiento de lo que significaba la libertad política y la democracia? Aún hoy, no; pues, entonces, menos.
La mesa del Consenso, la de la España que hoy califican de discutida y discutible, la del secuestro de la Nación, la de la corrupción generalizada y el despilfarro, la de la impunidad del Rey y de determinados políticos, la de la subvención del Estado a partidos, sindicatos y patronal, la mesa que es el origen de nuestros males, de nuestras sucesivas crisis con millones de parados, de nuestro nivel instructivo general, de nuestra falta de patriotismo, de nuestro pasotismo en lo político, de nuestra impotencia en lo institucional, la mesa de la frustración colectiva la consintieron los franquistas, leales a Juan Carlos por orden de Franco, y la formaron UCD, PSOE, Alianza Popular, CIU, PC… He aquí la clave de lo que esta semana ha sucedido en el Ayuntamiento de Madrid. El régimen partidos fue posible cuando se integró en el proyecto juancarlista a los “pro-totalitarios”, los comunistas, los derrotados en la guerra civil. Lo que ellos llaman hoy democracia, es en realidad el gobierno de los autoritarios y los totalitarios, agrupados todos en la socialdemocracia y sumados en consenso con los separatistas, constante contradicción, que da igual lo que digan o hagan aquéllos que sólo quieren destruir España, que la pasta  ajena bien vale el acuerdo y el diálogo si la hay. La crisis ha removido las fichas del juego, produciendo crispación interna en los grupos políticos y generando una tensión institucional sin precedentes a los ojos de los súbditos. A pesar de todo, ninguno de ellos olvida que Carrillo siempre fue y será uno de los suyos, el hombre imprescindible para la consecución de su negocio público, la figura que consagró el régimen bajo la apariencia de una reconciliación imprescindible para su éxito. Y es que tras la Transición, todos pasaron a ser uno, el Estado de partidos.
Paco Bono Sanz (Publicado en el http://www.diariorc.com el 7/11/2012)

26/11/12

Cataluña nacionalista


 Golpe a la Nación. Ganó el nacionalismo con su mayoría suficiente, absoluta. Quieren decir lo contrario, engañarnos. Pero la realidad es evidente, España está en el abismo porque alguien la cambió por un pacto oportunista. La España de partidos pudre España con la corrupción que el mismo sistema encubre y fomenta. La subida de escaños de Ciudadanos no sirve para nada, los diecinueve diputados del Partido Popular no sirven para nada, los del PSOE sólo fueron útiles en su día para dar alas a los enemigos de España, los nacionalistas, esa banda de proto-fascistas, anclados en la falsedad histórica, que persiguen sin escrúpulos a quienes no aceptan sus designios. 


Futuro incierto. Inútil lucha desde dentro. No sirve, no podéis hacer nada, no hay reforma que valga en esta cloaca de régimen, la desaparición de España está condicionada por esa habitación, la del Rey, el hombre que vinculó erróneamente nuestra Patria a sí mismo, “Yo, El Rey”, soy el Primer Español; y el último, ¡usurpador! Los ladrones van de visita. El porvenir se complica y los más canallas ganan cada vez que Rajoy miente y niega la realidad, porque vive en el Olimpo de los Dioses, es el mandamás de la patética clase dirigente de la oligarquía de partidos, los privilegiados de la subvención, adalides del fracaso, mentecatos que piensan en sacarnos del problema mientras lo niegan una y otra vez, ¡hecho imposible!

La victoria de los nacionalismos catalán y vasco es la consecuencia de la partidocracia, de la falta de democracia, común engaño, estafa general. Y la gente camina por la calle preguntándose el cómo, mientras el porqué se halla delante de sus narices. El fascismo necesita células enfermas para reproducirse, requiere de siervos, de impunidad, de ausencia de libertad de pensamiento, de hipocresía, de financiación sin límites... ¿Acaso no lo vivimos? ¿Estamos ciegos? ¡No sientan lástima por él! El Rey se lame las heridas con sus partidos, pero la que se desangra es España. 

¡Libertad política ya! 
¡Devuelvan España a la Nación!

Paco Bono Sanz

1,6 millones de abstencionistas catalanes suman la misma fuerza que la alianza CiU-ERC DiarioRC

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La abstención gana en Barcelona con 1,180 millones de votos y supera a todos los partidos DiarioRC

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4/11/12

Las plumas de Rubalcaba


ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO EL PASADO MARTES 30 DE OCTUBRE EN http://www.diariorc.com 

Cuando el dedo señala hacia la luna, el tonto mira el dedo. Todos pendientes de la decisión de Rubalcaba, oligarca del Estado de partidos, perenne dirigente socialista que “lidera” el PSOE, el otro lado de la balanza, contrapeso de la izquierda social y reaccionaria del pacto con la derecha social-partidocrática. Llevan tres lustros tratando de que nos creamos que la Nación se puede garantizar mediante el pacto político del consenso. El Estado es para ellos la Nación, no distinguen entre Nación y Estado, por eso  los nacionalistas denominan al resto de España “Estado Español”. Pero la Nación no se pacta ni se garantiza con Constituciones imposibles y falaces, la Nación se hereda de la historia y se mantiene por sí misma, por lo común que sus habitantes comparten desde abajo geográfica y culturalmente, aun en su servidumbre.

Haber supeditado la Nación al Estado, como hicieron en la mal llamada “Transición”, pactando con los nacionalistas para garantizar su presunta supervivencia, instaurando por enésima vez una monarquía, que es ya un enésimo fracaso, convirtiendo la España política en diecinueve feudos regidos por partidos subvencionados por Estado; haber limitado el patriotismo a un sentimiento meramente deportivo y bucólico, patriotismo de frustración, promotor de huérfanos de patria, nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. Y es que España no puede subsistir como un mero sentimiento; si no goza de una utilidad real, si no hay una razón ciudadana, si no hay un fin, es lógico que la gente se plantee ¿para qué queremos España? ¿Por qué luchar por ella? Y esto es en realidad el peor mal que padecemos, un mal que sólo se curaría mediante un proceso de libertad constituyente, como afirma con acierto Don Antonio García Trevijano.

Hoy más que nunca, el pacto entre PSOE y PP se resiente, que el pacto con los nacionalistas se rompió hace tiempo. La España de hoy es la España de la traición y el mercadeo, del engaño y de la corrupción, hasta tal punto, que en algunos lugares da lo mismo el grado de menoscabo político que se registre, que ya siempre ostentan el poder los mismos. Galicia es un nuevo ejemplo. El Partido Popular gana por “mayoría” absoluta cuando la mayoría de los ciudadanos con derecho a voto se han abstenido. Y, entretanto, nos distraen con Rubalcaba, quien deshoja la margarita consciente de que nos aproximamos al final de un periodo tras el cual no desea dejar de ser protagonista. ¿Para qué? Diremos nosotros, ingenuos. Nos hablan de intervención, esa que pretenden, salve el régimen de partidos, lo financie cueste lo que cueste, aunque ello signifique recortar y someter al contribuyente a un grado impositivo sin precedentes en la historia moderna. Entretanto se decide el maquiavélicamente llamado “rescate”, algunos se están forrando comprando deuda pública española a un interés altísimo, conscientes de que tarde o temprano Alemania y sus socios someterán al Estado español a sus designios, garantizando el cobro futuro de los intereses. Y nosotros aquí, esperando, rodeando el congreso con eslóganes equivocados, dormidos en la ignorancia y la incredulidad, pendientes de las plumas que ha perdido Rubalcaba, de las palabras de Rajoy, de Europa, ese tremendo negocio político cuyo fondo es meramente económico.

Artur Más engloba la futura Cataluña “independiente” dentro de unos Estados Unidos de Europa. No necesitará ejército que la defienda, dice, pues tendrá a la OTAN y al “ejército de Europa”. Puestos a la mentira por defecto, algunos ya superan con creces a Goebbels, ideólogo de la propaganda nazi. Medios no les faltan, ni tiempo tampoco. Justo al contrario que lo que nos sucede a los siervos de esta exhausta España. A nosotros no nos va a “rescatar” nadie, porque España ya  no es nuestra causa. No hay razón para defender un país si ese país no defiende a sus ciudadanos, no garantiza su libertad, no esta hecho para ellos. Por eso cada vez hay menos patriotas y más escépticos; plumas en el aire y ruina en la tierra; miseria política y servidumbre. Porque la Nación sólo es Nación cuando la forman ciudadanos. Sólo así España es posible y creíble.

Paco Bono

28/10/12

Periodismo de frustración

 Federico está indignado, Jiménez Losantos, digo. Esa persona brillante a la que yo admiraba y que ahora me defrauda. Cuánto tiempo en estado de frustración. ¿A dónde nos llevabas Federico? ¿Qué querías de nosotros cuando radiaste aquella multitudinaria manifestación que acabó bajo la bandera de Colón con un Rajoy enchufado al patriotismo? Dichosos asesores… Luego cambió Mariano, como también lo hizo el periodista. Lo recuerdo perfectamente, ocurrió allá por el dos mil siete, unos años antes de mi conversión al republicanismo activo. Cientos de miles de ciudadanos salieron a la calle para exigir al gobierno de Zapatero que no cediera ante el chantaje etarra. En la cabecera, los de siempre, los dirigentes del gran partido en la oposición, con su pancarta consensuada. ¿Qué paso? Nada, una nueva euforia trasnochada…

Pocos meses después se celebraron las elecciones generales al congreso de los diputados y, por ende en una partidocracia de negociación proporcional, a la presidencia del gobierno. Mariano se quedó a las puertas, dijo adiós, y no se fue. Es lo que tiene el sistema, no hay presidente que llegue a serlo a la primera, pues importa poco el rechazo ciudadano cuando gozas del poder de despreciarlo y del tiempo necesario para embaucarlo de nuevo. Zapatero fue reelegido. Saltos en Ferraz, fiesta… Lo acontecido después, lo conocen de sobra; la crisis, el chorreo de parados, la destrucción de miles de empresas… hasta hoy, con un Rajoy en el sillón, heredero del enésimo fracaso, que es la fórmula de elección de gobernante en la España de la monarquía de partidos. Hay que hacerlo peor que el anterior para ser eliminado, y aún así te vas casa con el bolsillo lleno y una paga de por vida. ¡Generosa es España para algunos!

¿Hemos ido a mejor como Nación tras tantos “cambios” de sigla? No. ¿Es por tanto un problema ideológico o de acción de partido el que padece España? No. Entonces, ¿por qué sigue Federico con su juego? ¿Qué fin tiene el cabrear a varios cientos de miles de súbditos todas las mañanas si luego pide el voto a sabiendas de que la acción del elegido conllevará una nueva traición política a su “electorado”? Hemos cruzado la barrera de la frustración. Hemos visto ya demasiadas cosas como para creer en la acción de los dirigentes partidócratas o en la palabra de los periodistas que los analizan como quien regaña a un niño que se ha portado mal. ¡Cómo te los has llevado! ¡Calentito!

El periodista matinal de Esradio conoce perfectamente el significado de libertad política, sabe cómo se ha de articular una verdadera democracia, representativa, con separación de poderes e independencia judicial y, sin embargo, no hace nada para alentar el cambio de régimen. Presume de haber sido víctima de un complot en la Cope, pero hay muy poco de heroico en su quehacer diario, cuando llega a incluso a tildar de golpistas a los movimientos ciudadanos que piden la apertura de un proceso de libertad constituyente para la Nación Española.

Y yo aquí, testigo de toda esta miseria, que ya empiezo a entrar en años, escuchando cómo la gente de mi entorno se queja de que en la comunidad valenciana, gobernada por el Partido Popular (antes ocurría lo mismo con el PSOE, quede claro) al que tantas horas de radio dedica Federico, cada vez hay menos colegios en los que se pueda estudiar en la lengua común de todos los españoles. Los partidos imponen la “inmersión lingüística” y esto indigna a muchos, pero ¡son pocos los que se atreven a afirmar que es la partidocracia la responsable de esta atrocidad propia de las dictaduras nacionalsocialistas del pasado! ¡Mercadeo lingüístico! ¡Una fechoría más del régimen de la Transición y la Traición! ¡Subvención y mercadeo público! ¡Estraperlo democrático!

En Valencia, señores periodistas, nos gobierna un presidente que se presentó a Alcalde de Castellón. ¡A Don Alberto Fabra lo votaron para concejal y procurador, y acabó dominando esta autonomía por decisión de la cúpula de su partido! ¿No les alarma esto? Porque cualquier aspirante a ciudadano comprendería que estamos ante un “neofeudalismo”; con la diferencia de que esta vez el “señor” pide la aprobación de sus siervos antes de engañarlos, robarlos y traicionarlos “legalmente” (premio incluido).

¿Seguirá Federico denunciando a los ladrones, los farsantes y traidores mientras calla ante el sistema que los fomenta y los protege? En verdad siento tanta lástima por él y su degeneración, como miedo por mí. Pues veo que la única persona con agallas suficientes para plantarle cara al problema supera los ochenta y cinco años. En cambio, vosotros, “los del linchamiento”, sólo aspiráis a salvar lo vuestro, que temas para mercadear hay de sobra en estos magníficos tiempos para el periodismo de frustración. La historia se repite, Rubalcaba espera su turno. ¿Gritará de nuevo Federico?

Paco Bono
Artículo publicado en el Diario Español REPÚBLICA CONSTITUCIONAL DiarioRC

24/10/12

El miedo de Lara


José Manuel Lara ha declarado su “miedo horroroso” a la radicalización del voto en las próximas votaciones a partidos en Cataluña. Un poco tarde, ¿no? Han transcurrido ya casi treinta y cuatro años desde que se produjo la conocida traición a la Platajunta, que significó también una traición a la propia Nación española, y que dio cerrojazo a las aspiraciones de libertad política. Tras la república de partidos, llegó la guerra, y tras la guerra, la monarquía de partidos, tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando. Así nos toca revivir la historia.
Sr. Lara, ¿se asemeja su miedo horroroso al terror que llevan padeciendo en España cientos de miles de siervos cuyas libertad se ve cada día coartada por los radicales afincados en el poder con la connivencia de los hipócritas presuntos contrarios? Podría haberse percatado usted mucho antes de lo que implica un régimen de partidos dividido además en feudos. Mientras las cosas iban bien, unos robaban, otros callaban, y todos tan felices. Pero al perro flaco, todo son pulgas, y el tiempo ha dejado a la vista las entrañas de la verdad de este régimen tan parecido al que sirvió a los nazis para su llegada al poder en Alemania.
Sí señor, Don José Manuel, que usted ha leído, seguro, mucho más que yo, por edad y por mecenas. El nacionalismo no existe en sí mismo, el nacionalismo es la consecuencia, es la metástasis de una enfermedad llamada partidocracia o régimen de partidos. La partidocracia consiste en el reparto de poder público a través de los partidos, a los que la constitución de 1978 se refiere de la siguiente forma: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. ¡Menuda magna mentira!
Si todos concurren en el mismo juego pactado, ¿se puede establecer una distinción en lo que se refiere al grado de responsabilidad entre partidos nacionalistas y no nacionalistas con respecto a la deriva política de España? No. Porque la existencia de los grupos políticos “nacionalistas” es inherente al régimen de partidos acordado con los “no nacionalistas”, el cual les garantiza la supervivencia y su multiplicación, como una célula para un virus, utilizando el propio Estado como herramienta para encauzar su fanatismo y articular su proyecto doctrinario con impunidad, inspirado en una legitimidad democrática inexistente, puesto que al no haber libertad política, es decir, al no producirse separación de poderes, representación en mónadas, al no permitirse la total autonomía del estamento judicial, al financiar al poder político y sindical, los ciudadanos son incapacitados para la participación y la decisión en lo público, se les niega la posibilidad por principio de ley, por lo que no hay freno ante la corrupción del sistema que vive de este presidio civil supeditado al mercadeo de la acción política.
¿Acaso me he vuelto loco, Don José Manuel? ¿Es posible que usted no se haya dado cuenta todavía de que el nacionalismo es la madre fundadora de este régimen de frustración, fraude y traición constantes? ¿No es acaso el nacionalismo hijo en España del consenso? Hubo un tiempo en que yo pensaba que sólo había un “nacionalismo”, el de los secesionistas, el periférico, creía que lo que defendían los paridos “nacionales”, lo español, era patriotismo. Ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba. Para ser patriota hay que poder ser ciudadano, y para ser ciudadano hay que habitar un país en el que se haya conquistado la libertad política, algo que todavía no se ha conseguido en el nuestro, España, donde la mayoría de habitantes somos todavía siervos en pleno siglo XXI. ¡Y esto sí que produce un miedo horroroso!
Paco Bono 
Artículo publicado en el espacio "Criterios" del Diario Español República Constitucional (DiarioRC.com)

22/10/12

Violadores de la libertad

No son ellos, señores, aquellos quienes con porra y escudos, formando un ejército sin igual, se atrincheraron alrededor del Congreso recreando la escena numantina, no son ellos los culpables, ni se les puede atañer responsabilidad alguna; ellos no matan por el régimen, no amenazan con ello, se defienden de las pedradas y detienen lanzadores a la orden de los que designan sus salarios, los políticos de los partidos subvencionados, los mismos que tratan a los falsos rebeldes como a niños traviesos y a los ciudadanos como a imbéciles.

El otro día hubo violadores de la libertad a ambos lados de la muralla uniformada. Violadores con chaqueta, inviolables por mandato constitucional, franquista, traidores de Transición, socialistas, populares, partidócratas, todos juancarlistas; pero también violadores desaliñados, “perroflautas”, gritones de tres al cuarto que no han dado un palo al agua en su vida, farsantes fingiendo una lucha que refuerza al sistema que nos arruina y da aliento a los elementos políticos atrincherados en el Congreso-Estado del “consenso” en los despachos ajenos.

Un idiota en la red tachaba de asesino a un policía. ¡Manda huevos! Ese idiota estuvo a un lado de la verja, ansioso, armado por la farsa, reaccionario, enarbolando banderas del fracaso… Junto a dicho sujeto, algún diputado de la izquierda social de Estado, que no la izquierda civil, tan clandestina como la derecha callejera, se sumó al alboroto por un rato, vaya fiesta, menuda conjura de necios, qué delicia estar entre los “suyos”, jóvenes indignados, los mismos que ni  estudian, ni trabajan, incansables aspirantes a convertirse en insectos, los posibles futuros chupópteros de lo público (que dicen que no es de nadie). Ellos no exigen libertad política, sino cambio de acción dentro del mismo régimen; forman parte de la social-partidocracia subvencionada, son fundamentalistas adheridos a doctrinas reaccionarias que nutren el Estado de “bienestar”, confeccionado para ellos a cambio de su servidumbre, para su manutención sin esfuerzo, mientras se somete a un terrible secuestro a la sociedad civil activa y trabajadora, la emprendedora y leal, la valiente y pensadora, rescatada por las familias, el búnker de supervivencia en estos tiempos de incertidumbre ciudadana y podredumbre humana, en el que a los patriotas se les niega la Patria natural, y a los héroes el heroísmo. Ellos habrían de ser los verdaderos indignados, piensan muchos…

Sin embargo, ¿de qué sirve indignarse? Afirma Don Antonio García-Trevijano en su libro “Libertad Constituyente”, que “no tiene cabida en la menta sana indignarse contra lo normal y lo esperado. En la indignación tiene que haber algo sorprendente, no previsto ni previsible. La indignación contra lo normal , en un régimen sin libertad política colectiva, es una pasión de consumo para siervos dirigidos por malvados”. ¡La calle es un monstruo sin identidad! ¡Por eso es tan fácil de manipular si se dispone de los medios! ¡Muchas banderas tricolor!, ¡pero muy pocos símbolos reivindicativos de la libertad política!, porque los que portaban los estandartes, los de la cabecera, los “indignados”, no ambicionan democracia formal, sino república de partidos, el mismo perro sin rey, más intervención del Estado “social”, menos libertad ciudadana, más previsión, más control, más autoridad, más consenso, ¡menos sociedad civil! Demasiado montaje para una cuadrilla de trasnochados.

¿Para qué mil quinientos policías si sólo se trataba de un millar de “indignados”? Todo estaba planeado, se mostraron las imagen que interesaban a sus protectores políticos, esos oportunistas, estafadores en la acción política, usurpadores sociales, en tanto en cuanto no permiten la opción de la democracia, porque niegan la libertad política, competencia exclusiva de sus partidos, esas moles de pensamiento único y de frustración continua que se levantan junto a sindicatos y patronal sobre un pueblo incauto que los sostiene con sus impuestos, robo legal del esfuerzo ajeno ¡tremendo negocio del marquesado moderno!

Se nos ha negado la verdad, la certeza de lo posible y lo probable, la libertad. Por eso triunfaron, en el espectáculo de la tele basura noticiera española del multicanal, las miles de piedras lanzadas por los “indignados”, ocultando bochornosamente la reivindicación pacífica de millares de personas de a pie que allí acudieron para reclamar libertad política, y que se vieron, de nuevo, eclipsados por esos energúmenos de la primera fila, los actores con sueldo. La razón y el propósito de esta movilización fueron tergiversadas, y lo son hoy hasta en medios que utilizan la libertad como nombre, muchos de ellos son cómplices de la mentira política y se prestan a tratar al pueblo español como un rebaño. El hecho de que un sólo diputado de la izquierda partidocrática se atreviera a cruzar la valla para gritar con los manifestantes, demostraba que la toma del congreso iba a fracasar porque iba a ser manipulada.

Es una pena. ¡Cuánta gente digna embarrada por los indignados y sus socios del poder! Esta guerra, la de la libertad política, no se ganará con ninguna gran batalla, sino con pequeñas acciones constantes desde las millones de trincheras ciudadanas pacíficas, esos refugios de inteligencia al servicio de la verdad, defendida en el día día, difundida casa a casa, puerta a puerta, de boca en boca, escribiendo sobre ella, llenando internet de consignas y mensajes, creando vídeos y, sobretodo, no participando en los comicios del sistema. Aquí está nuestra baza, la educación, la fuerza de las familias, la inercia de los ciudadanos que no se rinden ni ante la ancianidad más cansada. Esto jamás podrán manipularlo porque está lleno de identidad, porque ellos no pueden vivir por ti.

Paco Bono
Artículo publicado en el espacio "Criterios" del DiarioRC
Más en http://www.diariorc.com

7/10/12

¿Qué le pasa a España?

Hola, soy un ciudadano de los llamados de a pie. Mi país se llama España y es una gran Nación habitada por una mayoría de personas que se guían por la bondad, la caridad, la solidaridad y el esfuerzo. Ese nutrido grupo que funciona como el corazón de mi país, bombeando sangre sin parar, aún en las peores circunstancias posibles, se llama clase media. La clase media de España es la esencia misma de España. Trabajadores por cuenta ajena en grandes y medianas compañías, autónomos y medianos empresarios. ¿Cómo es posible que un país con tal cantidad gente estupenda se encuentre en una situación tan extrema? Tal vez la respuesta sea más sencilla de lo que pudiera parecer a priori. Imaginemos que nuestro país es un gran rascacielos, lleno de pasillos, ascensores, espacios abiertos donde respirar aire puro; una enorme construcción sostenida por todos y cada uno de sus dueños, los ciudadanos, los habitantes de ese rascacielos. Pero curiosamente, el rascacielos no se organiza como lo haría una comunidad de vecinos. Los propietarios no pueden decidir la forma y color de los pasillos, los gastos generales, las inversiones, las derramas… porque otros han ocupado el poder y han gestionado y robado en nombre de ellos, ultrajando la palabra democracia, profanando los derechos civiles y transformando la riqueza en miseria al amparo de un Estado de bienestar que es una farsa, que domina una oligarquía que goza de un status privilegiado que pretende mantener con medidas terribles… subidas de impuestos… más deuda ajena… más Estado para el Estado para salvarse a sí mismos, esos políticos y su régimen de partidos…
Nadie nos enseñó en la escuela que la democracia se construye siempre de abajo hacia arriba. Allí nos adoctrinaron, en lugar de instruirnos en el conocimiento, allí nos vendieron libertad mientras nos esposaban las manos, como hoy tapan nuestros ojos, porque en nuestro rascacielos las licencias de televisión y radio las conceden los mismos que nos dominan, esos administradores colocados por un rey nombrado por un dictador al que han tumbado sus estatuas (encima son unos desagradecidos, siempre en la contradicción). Desgraciados, engañados, porque el problema no es de España en sí misma, sino de la desconexión que existe entre su sociedad civil y los gobiernos centrales y taifas de su Estado, esa carga común sufragada por todos pero regida por unos pocos.
Las televisiones mayoritarias difunden un falso paralelismo entre España y EEUU, pero en Estados Unidos no hay partidos Estado como aquí. Allí los partidos son meras siglas ideológicas. Allí Obama sólo es grande porque puede ganar, y cuando pierda se irá a su casa. A Obama lo eligen los ciudadanos, no un congreso de diputados seleccionado a dedo por organizaciones políticas subvencionadas. Allí un actor mandó sentar a su presidente, porque su presidente está ¡para servirle! ¡Sí señor! Luego la mujer de ese presidente lo defiende argumentando que Obama es el mejor ejemplo del sueño americano… ¡Y por qué no! ¡Empezó desde abajo! Nieto de emigrantes. En cambio, en España… ¿se han fijado en quiénes fueron los progenitores de la mayoría de los políticos? ¡Menudo negocio familiar se han montado a nuestra costa con sus socios! ¡Su ranchito!
En Estados Unidos, los dueños del rascacielos eligen a sus diputados (congresistas) al margen del Presidente, y aquéllos se deben a sus representados por encima de ninguna sigla política. En Estados Unidos la libertad y la propiedad son columnas fundamentales. Allí la gente sale a la calle y se manifiesta de forma pacífica, sin importar ideologías, porque los pasillos les pertenecen, porque el rascacielos se mantiene con sus impuestos, porque son conscientes de que la libertad se conquista todos y cada uno de los días… que es muy fácil perderla…
¿Qué le pasa a España? Grita un pobre hombre desde el octavo piso… ¿Y todavía se lo preguntan? Libertad política, ya.
Paco Bono
1er artículo publicado en el DiarioRC por el autor de este blog como columnista. Enlace: http://www.diariorc.com/2012/10/02/que-le-pasa-a-espana/