Nos piden más esfuerzo; más trabajo y menores salarios. A los que
trabajan, claro, porque a los que no, sólo pueden rogarles paciencia...
eterna paciencia... próximos como se encuentran al confín de la
miseria... Sus señorías exigen demasiado a cambio de poco. Y las clases
medias no debemos consentir que se nos siga cargando como a mulas las
alforjas del fracaso económico de unos y otros gobiernos, rojos, azules,
violetas, verdes... ejecutivos, opositores, vividores... Hipotecados
por inducción y casi obligación, estafados, observamos como nuestro
poder adquisitivo se reduce año tras año sin que se produzca ningún
debate periodístico sobre la conveniencia o no de un sistema político
que ya ha abocado a demasiados a la pobreza.
Es
intolerable la imposición a la que somete el Estado a familias y
pequeñas empresas bajo el yugo de la falta de libertad política. Sin
libertad política, somos rehenes de una oligarquía irresponsable cuyo
brazo armado compone la farsa del orden público. Los manipulados
indignados, carretilla de ignorantes, caminan por las calles como zombis
reclamando cambios equivocados, cambios hacia adentro, como si las
diarreas se pudieran curar sin cagar. Sus gritos ayudan al régimen de
partidos y no sanan los retortijones del pueblo a quienes dicen
defender.
Mientras, Urdangarín vive su imputación desde la
distancia americana. Con sus presuntas fechorías se le ha acabado el
crédito a esta monarquía parlamentaria falsamente democrática. El Rey se
sostiene de nuevo bajo los pilares de los partidos, sabedores de lo
imprescindible de su figura si quieren mantenerse en el poder mediante
esta forma partidocrática. Si en aquel 23F Juan Carlos I fue rescatado
por los grandes partidos de Estado, engañando al pueblo con su versión
“oficial” de lo acaecido, así como lo hicieron los precursores de la
Revolución Francesa en la trama del falso secuestro del Rey Luis XVI y
su familia, el Duque de Palma ha abierto la brecha y la memoria de
quienes comprenden que sólo la caída de la monarquía puede significar
una oportunidad para la apertura de un proceso constituyente que
facilite la elección de la forma de Estado y de gobierno que los
ciudadanos, como únicos soberanos de la Nación Española, deseen. A esto
se lo denomina Libertad Constituyente. Sólo conquistando la libertad
política se nos podrán exigir esfuerzos. Mientras tanto se nos imponen
recortes y pobreza, se nos vende humo y se nos lanzan las miserias como
migas de pan a las palomas del parque gris; vergüenza de una Nación
necesitada de amor propio y de valor. Con todo y esto, el problema no es
el Rey, sino la excusa, el tapón que “legitima” a quienes nos engañan
una y otra vez mientras se lo llevan calentito...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada