¡Feliz 2012 en libertad!

Las personas con dignidad no guardan remordimientos cuando triunfan.

viernes 30 de diciembre de 2011

La crisis y el esfuerzo ajeno

Nos piden más esfuerzo; más trabajo y menores salarios. A los que trabajan, claro, porque a los que no, sólo pueden rogarles paciencia... eterna paciencia... próximos como se encuentran al confín de la miseria... Sus señorías exigen demasiado a cambio de poco. Y las clases medias no debemos consentir que se nos siga cargando como a mulas las alforjas del fracaso económico de unos y otros gobiernos, rojos, azules, violetas, verdes... ejecutivos, opositores, vividores... Hipotecados por inducción y casi obligación, estafados, observamos como nuestro poder adquisitivo se reduce año tras año sin que se produzca ningún debate periodístico sobre la conveniencia o no de un sistema político que ya ha abocado a demasiados a la pobreza.

Es intolerable la imposición a la que somete el Estado a familias y pequeñas empresas bajo el yugo de la falta de libertad política. Sin libertad política, somos rehenes de una oligarquía irresponsable cuyo brazo armado compone la farsa del orden público. Los manipulados indignados, carretilla de ignorantes, caminan por las calles como zombis reclamando cambios equivocados, cambios hacia adentro, como si las diarreas se pudieran curar sin cagar. Sus gritos ayudan al régimen de partidos y no sanan los retortijones del pueblo a quienes dicen defender.

Mientras, Urdangarín vive su imputación desde la distancia americana. Con sus presuntas fechorías se le ha acabado el crédito a esta monarquía parlamentaria falsamente democrática. El Rey se sostiene de nuevo bajo los pilares de los partidos, sabedores de lo imprescindible de su figura si quieren mantenerse en el poder mediante esta forma partidocrática. Si en aquel 23F Juan Carlos I fue rescatado por los grandes partidos de Estado, engañando al pueblo con su versión “oficial” de lo acaecido, así como lo hicieron los precursores de la Revolución Francesa en la trama del falso secuestro del Rey Luis XVI y su familia, el Duque de Palma ha abierto la brecha y la memoria de quienes comprenden que sólo la caída de la monarquía puede significar una oportunidad para la apertura de un proceso constituyente que facilite la elección de la forma de Estado y de gobierno que los ciudadanos, como únicos soberanos de la Nación Española, deseen. A esto se lo denomina Libertad Constituyente. Sólo conquistando la libertad política se nos podrán exigir esfuerzos. Mientras tanto se nos imponen recortes y pobreza, se nos vende humo y se nos lanzan las miserias como migas de pan a las palomas del parque gris; vergüenza de una Nación necesitada de amor propio y de valor. Con todo y esto, el problema no es el Rey, sino la excusa, el tapón que “legitima” a quienes nos engañan una y otra vez mientras se lo llevan calentito...

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