El legislativo, ocupado por variopintas proporciones de los miembros de
las listas cerradas de los partidos, y alejado de un pueblo al que no
representa ni por asomo, vota la nueva cabeza del ejecutivo que lo
dominará como a un eunuco. Aprobada la moción, llega el instante del
solemne discurso. ¡Cuántas cosas se echan de menos! Pero qué le van a
hacer los españolitos de a pie; sólo pueden ser testigos, porque su
participación limitada empezó y finalizó el 20-N.
Ministrable.
Gallardonable. Medios y ciudadanos aplauden en aquellos medios que sólo
invitan a la ovación. El nuevo Presidente del Estado de partidos ha
comunicado al rey y a la Nación el nombre de los elegidos. Como si de
fútbol se tratara, llevamos días sufriendo las infantiles y simplistas
quinielas de entre la cabecera babeante del partido. Tal vez incluyan
algún “independiente”, como así ha sido. ¿La democracia? Cosa pasada y
sobre la que no discutir hasta dentro de cuatro años. Empieza la
legislatura, el gobierno absoluto. Absoluto porque todo lo acapara,
absoluto porque no encuentra más límite que la voluntad de su líder.
Gallardón
será el nuevo ministro de justicia. ¿Les sorprende? Quizá consista en
un premio a su “labor” tras el 11-M. A lo mejor simboliza una patada en
las partes nobles de quellos periodistas reclaman justicia desde hace
tantos años. Rajoy afirma que las víctimas son lo primero, pero
parlamenta con los etarras del Congreso y nombra interventor en la
justicia a un hombre al que las víctimas le llevan reprochando su
actitud desde aquel fatídico 2004.
Si es indigna la
cartera de justicia, puesto que corrompe la separación de poderes y
sitúa a la función judicial bajo el yugo político de los partidos del
Estado, lo es más en manos de un sátrapa cuya adscripción ideológica es
tan dudosa como su ética y su moral. El mayordomo le habrá servido
champán esta noche para que celebre sus altos vuelos el soberbio.
Gallardón es el mayor ejemplo de lo fraudulenta que es nuestra por otra
parte falsa democracia. Madrid queda sin Alcalde y su ex-Alcalde la
abandona sumida en una deuda histórica y lamentable. ¡El Gordo le tocó
al ministro!
Si los ciudadanos madrileños eligieron al
partido cuya cabeza de lista habría de ser su alcalde (en elecciones
antidemocráticas de listas cerradas de partido), ahora se encuentran con
que su voluntad será anulada por la ambición personal del primer edil.
¿La solución? El partido en el poder tiene a bien seleccionar a dedo al
sustituto, sin contar con la opinión de los ciudadanos, y se quedan
todos tan anchos. ¡Que viva la democracia y la justicia! Esas dos
mujeres que todavía no han pisado España. El sistema no se lo permite.
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